miércoles, 5 de junio de 2013

Para mí, la lluvia

Siempre recuerdo cuando era un niño las tardes de lluvia. Cuando escuchaba el fluir de sus aguas por mi calle no podía simplemente ignorarlo, pues corría para observar como caían aquellas lágrimas del cielo, cuando imaginaba de pequeño que el cielo estaba triste, bendita inocencia.

Ahora conozco el proceso de la lluvia de manera científica, aunque con algunas lagunas he de reconocer. Pero aún sigo teniendo ese punto inocente que me hace ver la lluvia como un delirio triste del cielo, un factor romántico para las parejas que se refugian de su torrente. ¿Quién no recuerdo algún beso bajo la lluvia?


Bajo la lluvia tengo mis mejores recuerdos, la primera vez que vi a un gran amor, el beso con lágrimas que nunca nadie vio, porque una historia terminaba, y nunca se repitió.


La lluvia, motivo de nostalgia para mí, ojala en algún momento vuelva a vivir con alguien ese sentimiento que me acoge cada vez que mi ventana las retiene para que yo las pueda admirar. Volver a vivir un amor tan grande que sienta que el tiempo siempre me va a faltar para verla una vez más, en fin, ojala la lluvia me traiga a la última persona que bese bajo ella.

martes, 4 de junio de 2013

Desierto

Después de pasearme toda mi vida por un bosque de caminos enrevesados e ilusiones por todos lados, acabe en un desierto, en un mar de dunas donde predominan las dudas.

Camino por él, buscando alguna ruta de escape, pero todas las travesías se hacen una, lo que hace imposible avanzar hacia destino alguno. Me pierdo entre este mar amarillo que no muestra cambios de textura, el sol pega fuerte, y mi esperanza se escapa de mí, por los poros, en forma de sudor.


No desistiré en abandonar este claro, pues la vida no termina hasta que no respiras, pero sinceramente este desierto tiene toda la potestad para acabar con mi existencia si así lo decide mi determinación. Avanzo y avanzo, nada cambia, subo y bajo, nada cambia….


Cansado me siento, y alzo la vista hacia las interminables dunas que a carcajadas se ríen de mí, que me he rendido, aunque a lo lejos, veo un manantial, pienso que mis ojos me engañan, pues cuando los froto, desaparece, malditos espejismos, me desplomo, me duermo y la arena me traga para formar parte de ella. Y ahí en ese instante todo termina, la vida se consume, porque no pudiste con la adversidad, muerto en vida, pero ojala la arena se atragante conmigo, pues la resurrección puede que llegue a mi otro día.


lunes, 3 de junio de 2013

Inesperada en la corte

Siempre me llamo la atención su mirada, su cara de yo no sé, su labios que gritaban “bésame”, por lo menos en mi imaginación así era, pues era la perfecta armonía entre pensamientos, de realidad y fantasía. Quizás en mí se había creado una epifanía de lo interesante del dilema que suponía ella en la irrealidad de mi memoria.

Vi de repente su figura, no daba crédito,  no entendía el motivo,  nunca me había fijado en la simetría de su cuerpo, miles de dudas me asaltaron, ¿Saludarla? ¿Para qué? No podría contarle a ella lo que mi imaginación descubrió de su cintura tan perfecta e irresponsable, tanto como saltar de un trampolín que no tiene visibilidad alguna.

Lo siento si me desmadro pues por esa vista sufrí un descalabro, soy persona como otra cualquier y mis ojos en ella, joder, que no había manera de sacarlos de su rica belleza,  ni aunque me quemaran en el pecho con una vela que gotea cera, cera que abraza, como yo abrazaría ese monumento que por dios juro, que  aun adormecido sé, que no arrancare de mis sueños más controvertidos.

domingo, 2 de junio de 2013

Carpe diem y sus consecuencias


A todos nos ha pasado alguna vez despertarnos un domingo cualquiera con recuerdos difusos, una sensación de vergüenza indescriptible y una necesidad de beber liquido por la deshidratación que provoca vivir el momento sin pensar en las consecuencias, esas noches que tendemos a la autodestrucción, sabemos de lo que hablo, maldito alcohol y sus complementos.

Todo comienza con una llamada o un mensaje, el plan se empieza a construir días antes o incluso a veces sale espontaneo e inesperado,  la mayoría  de destrucciones empiezan por una cerveza, en mi caso. Llegas a un bar o a un emplazamiento para el botellón,  las charlas con los amigos son unas de las mayores responsables de las consecuencias, pues entre recuerdos y anécdotas, las cervezas pasan a contarse con los dos dedos de las dos manos si es que la necesidad de una copa no ha llamado aún a la puerta, y ahí, comienza el descontrol.

Comienza el descontrol porque las conversaciones se tornan extrañas, cada uno añade su visión personal del debate desde un punto de vista es mucho más efusivo al que tenía cuando exponía tiempo atrás, los vasos llenos ya no duran lo mismo, los mecheros se hacen extrañamente más complejos,  para los fumadores el consumo de tabaco se vuelve más dinámico y común, más de lo que nos gustaría pero con todas las cartas sobre la mesa se acerca el momento de tomar rumbo hacia el destino.

Empiezan las disputas sobre cómo llegar, quien carga las cosas, todos llevan sus armas en la mano y no están dispuestos a llevar el escudo, pues a quien no le gusta ir con una mano suelta por si te caes. Se arregla la disputa, con el típico que aún está en sus cabales y decide tomar el mando cargando él mismo, cosa que para el resto es motivo de mofa pero ¿Qué hubiera pasado sin él? Pues seguramente que se llegaría cinco minutos más tarde nadie deja las botellas o lo que traigan atrás. Incluso a veces en raras ocasiones, más comunes de lo que la gente reconoce, por el camino ya se han quemado las bolsas provocando cierta tensión en el ambiente.

Por fin llega el momento de entrar y entonces….
Levantas de la cama  (Y ¡GRACIAS!)
con los síntomas anteriormente citados, recuerdos de muchas caras y algunas palabras que preferirías que no estuvieran ahí, vas hacia el ordenador, está encendido, los temores aumentan, no coges ni el móvil hasta pasadas unas horas ya que el whatsapp y el alcohol son mejores amigos pues el alcohol te da el genial consejo "míralo y di lo que piensas" por ese demonio verde, la gente te entiende ¡Una mierda! Cuando por fin echas el valor y coges el teléfono ves una serie de improperios hacia tu persona, que bueno, es menos de lo que te esperabas que alivio, pero mejor lo borras y haces como que no ha pasado.

Llega la noche del domingo y te dispones a dormir, das las gracias porque empieza una nueva semana, e intentas olvidar un poco arrepentido pero con una sonrisa, las cosas del carpe diem y sus consecuencias.

sábado, 1 de junio de 2013

Borrachera llegada desde Londres

Ahora me encuentro escribiendo en un estado que no comprenderían los abstinentes, una sensación de euforia, en el que todo es posible, y si, escribo esto por no aguarle la noche a nadie en el whatsapp, aunque hay muchas cosas que me gustaría decir.

He querido a muchas personas y ellas me han querido a mí, he dado todo lo que tengo y perdí todo lo que fui, pero no pasa nada pues no guardo rencor, me han rodeado de palos y de caricias, de carantoñas e injusticias, pero siempre sabiendo de los que me aprecian, lo hacen por mi bien. Los demás, sinceramente, me la sudan.

No quiero, querido lector, que me entiendas, pues tu opinión no me llega, pero quiero que sepas una cosa. Si esto perdura mas allá del tiempo aunque acabe mi vida, que sepas, que viví a mi manera, viví como quise y tal vez disfrute mas que cualquiera. Conseguí miles de sonrisa y provoque algunos llantos, a esas personas les pido perdón, no soy perfecto ni siquiera yo me aguanto, pero si he de decir algo sensato, cuando quise a alguien, también lo odie, y siempre en mi mente descasaran las intimidades que nadie nunca sabe.

Para mi familia el amor, para mis amigos los recuerdos, y para mi corazón noches de invierno pues cada dama que me deslumbraba, hasta ahora resulto ser una rana, pero siempre mi rana, y aunque fuese efímero, por el hecho de que acabase, no me arrepentiré nunca de ello, pues son inolvidables.

Escribo esto, porque no temo a morir, escribo esto, porque me arrepentiría de que nadie supiera lo que siento, quiero a todo el que quiero, ellos lo saben, por mas que me quejo del mas tonto que me ve como un loco andante, si, no soy el quijote pero me empeño en pelearme con los molinos del viento, para hacer feliz a las personas que siempre estarán en mí.